Lunes, 24 de Septiembre de 2018 | 22:23:36
11/03/2018

Un nene de 11 años fue asesinado por la policía de un tiro en la nuca

Sucedió en Tucumán. El menor iba de acompañante en una moto y la policía que los perseguía disparó porque circulaban "sospechosamente". También resultó herido de un balazo un adolescente de 14 años.

 

Un niño de once años murió este jueves al recibir un disparo en la nuca por parte de la policía de Tucumán cuando iba como acompañante en una moto durante una supuesta persecución. 

El episodio ocurrió en avenida Avellaneda y pasaje Río de Janeiro de la capital tucumana, y también resultó herido de un balazo un adolescente de 14 años, que fue hospitalizado aunque fuera de peligro.

Según la versión policial, el hecho ocurrió cuando perseguían a un grupo de motos que “circulaban de forma sospechosa”.

El joven que conducía la moto y sobrevivió a los disparos relató que ellos no estaban con los motociclistas que perseguía la Policía y que quedaron en medio de los disparos, uno de los cuales rozó su cabeza y el otro impactó en la nuca de su amigo provocándole la muerte. “Lo mató la policía”, aseguró.

La abuela del niño asesinado contó que le "pidió permiso para ir a comprar un sandwich pero se fue a una picada de motos y la Policía le pegó un tiro en la cabeza sin que haga nada malo".

La mujer explicó que en la tomografía realizada al niño se confirmó que "tenía una bala de 9 milímetros en la cabeza" y señaló que "vamos a seguir hasta las últimas consecuencias para que se haga justicia".

La organización de derechos humanos Andhes aseguró que la muerte del niño es el corolario de un comienzo de año violento luego de que el gobierno nacional defendiera la doctrina ‘Chocobar’ para casos de gatillo fácil.

"A la muerte del niño hay que sumarle los casos de Víctor Robles asesinado por un policía de civil en Av. Kirchner al 1900; el de Ángel Alexis Noguera asesinado de un disparo con bala de goma en la cabeza en un procedimiento policial realizado en la casa de la víctima; el caso del comisario Pineda que ingresó al domicilio de un supuesto asaltante, le disparó y luego falseó el procedimiento y el caso de Maximiliano Ariel Tapia, quien perdió una pierna producto de un disparo realizado por personal policial en Las Talitas" explicó Ana Laura Lobo Stegmayer, Directora Ejecutiva de Andhes, en diálogo con Anred.org.

“Este hecho resulta inaceptable y sólo se explica en el marco de un contexto de aumento de la criminalización de las infancias y legitimación del gatillo fácil", agregó Florencia Vallino, coordinadora del área Derechos de Niñez y Adolescencia. 

 

"Mataron a mi negrito"

* Por Mercedes del Valle Ferreira, 
abuela de Facundo, asesinado a los 12 años por la Policía.

Ya no me quedan lágrimas. Nos destrozaron la vida. El Negro era un niño maravilloso, lleno de amistades, que no tenía problemas con nadie. Y anteayer a la madrugada, a pocas horas de su primer día en la secundaria, lo mataron, me lo mataron. Tenía 12 años: 12 años, tenía, ¿entienden? Un niño, hermanito de otras dos niñitas, de repente pasó a estar en el hospital Ángel Padilla, tirado en un rincón, con la cabeza destrozada… Era una criaturita, mi criaturita.

¿Cómo se hace? ¿Cómo hacemos? ¿Quién se lleva este dolor? Para colmo, debemos soportar infinidad de historias falsas, circulando por internet o televisión, porque no, nada hubiera justificado lo que hicieron, pero mi nieto no robaba, ni manejaba un revólver, como inventa la Policía. Había terminado la primaria en la escuela Miguel Lillo con muy buenas notas y estaba por arrancar su nuevo ciclo en la ENET Nº5. Ya tenía todos los útiles, la mochila preparada y su ropa lista. Es más, acabábamos de comprar unos zapatos que no le gustaban para nada, pero los necesitaba para arrancar el colegio. Vivía conmigo y con sus tíos, en mi casa, en el barrio Juan XXIII, conocido como Villa Bombilla, en Tucumán.

El miércoles a la noche, Facu salió en moto con Juan, un amigo dos años más grande, para ir a ver las picadas en el Parque 9 de Julio, como es común acá entre los changos… Al regresar, pasada la medianoche, unos uniformados les dispararon a quemarropa, así, ¡a quemarropa! No existió ningún enfrentamiento. Y en cuanto nos enteramos, salimos corriendo al hospital, donde nos recibieron con mentiras los voceros arreglados con las Fuerzas. “Sufrió un accidente vial”, nos dijeron. Y minutos después, la tomografía nos anunció que había fallecido por el tiro de un arma 9mm.

La versión oficial vino acompañada por un cordón policial, porque “íbamos a generar problemas”. Y entonces inmediatamente fuimos a la Comisaría 1ª, donde nos dijeron que los agentes ya estaban detenidos. Éramos dos mujeres y ellos un montón de hombres, apuntándonos con itakas. Nos ocultaron información y nos sacaron zamarreándonos de los brazos. Ahora, el barrio está lleno de patrullas y, mientras dejo caer estas palabras como lágrimas, comienza una razia en la otra cuadra, bajo la mira de un helicóptero policial que sobrevuela la zona.

El 7 de mayo, Facu iba a cumplir 13. Y sí, soñaba ser como Messi, para poder comprarle una casa a su mamá, que vive en Santa Fe. Allá, él había jugado al fútbol en Unión de Sunchales y tenía pensado volver en unos meses. ¡No podrá! Me parece verlo ahora, jurándonos que algún día nos iba a comprar “una mansión, para poder vivir mejor”. Lo pienso y todavía no entiendo. ¿Cómo que no volveré a ver a mi nieto? ¿Cómo que no volverá a correr hasta mis brazos, gritándome "Pachona, Pachona"? ¿Cómo que lo mataron, si nunca nadie dijo nada malo de mi negrito? No puedo explicar lo que siento aquí, en el pecho. ¡No saben cuántos amigos tenía! No saben cuántos niños había en su entierro.

¡Su entierro!

Ahora sólo nos queda luchar, yendo a Tribunales todos los días, caminando en los pies de todos ustedes, todas las veces que haga falta, porque nosotros no tenemos plata, pero tenemos dignidad. No entendemos y nunca podremos entender por qué hicieron lo que hicieron, pero no van a detenernos hasta que no se haga justicia, para que mi nietito pueda descansar en paz. Yo sigo llorando. No puedo parar. Siento un dolor inmenso, que ya no puedo calmar con sus abrazos...

Te juro, mi negrito,
que no voy a bajar los brazos.

(*) Inicialmente se publicó que Facundo tenía 11 años y era de apellido Burgos. Con la difusión de esta carta, la familia aclaró su edad y también que su apellido es Ferreira.

 

Fuente: Tiempo Argentino - Noticiauno

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