Jueves, 27 de Abril de 2017 | 09:59:00

En Educación hacen falta líderes éticos

 

Uno de los elementos que hemos descuidado, sin lugar a dudas, es la formación de líderes y a su tiempo, se carece de líderes/funcionarios, que reúnan los requisitos que los tiempos le demandan para un Sistema Educativo diferente, para una Escuela transformadora e innovadora, hace falta sin lugar a dudas personas capaces intelectual y moralmente, personas con notas de honestidad que emanen de su cotidiano transitar la vida y no que tengan que mostrar o justificar.

Se hacen necesarios cambios,  que pongan en juego: comportamiento, gestión y liderazgo. Y pensamos en un liderazgo capaz de hacerse cargo del otro,  como relación ética de acogida, como oportunidad de comprender lo que se nos demanda en tanto servicio a la vida del ser humano. ¿Será posible que se comprenda, que en educación se sirve a la posibilidad de proyectar la vida de niños y adolescentes? O más bien, se ve tan solo el correr tras un calendario, por la cantidad, sin pensar en la calidad y en la necesidad real de los que nos son confiados a su formación.

 

Creemos conveniente encontrar el modo de abrirse y dialogar con todos los sectores de la realidad, es imprescindible comenzar a  formar profesionales capaces de ser ciudadanos activos, verdaderos agentes de desarrollo, dispuestos a servir e innovar, desde una educación donde acontece y se produce un encuentro no del que sabe con el que no sabe, del profesor con el alumno, en un ejercicio de  transmisión de saberes, sino el encuentro del que se sabe responsable del otro, obligado a darle una respuesta en su situación de radical alteridad. Los niños y los adolescentes, esperan, mientras las Escuelas  se queman, los docentes acusan acosos, reclaman sus derechos y la participación real no se da, hay carencia de  líderes indiscutiblemente.

Son tiempos que demandan gestionar responsablemente, supone algo más que la simple implementación de estrategias y no tan solo separar competencias.  Estamos  desafiados a  reflexionar acerca de la responsabilidad social de los funcionarios, directivos y educadores, desde una visión moral, y como una relación más radical tanto como originaria,  que se produce e involucra a los actores de todo un Sistema Educativo, en nuestro caso provincial, y de cualquiera de las instituciones educacionales que lo conforman, lo que se traduce en acogida desde un liderazgo ético. La calidad educativa no sólo es cantidad, es también RESPONSABILIDAD.

 

Sostenemos que educar, es por sobre todas las cosas, responder a la pregunta del otro (Ortega Ruiz, P 2013), dejando de lado la indiferencia y provocando el interés, el gusto por saber sobre sí y sobre el mundo, por conocerse y saber interpretar el mundo que le rodea, por dar sentido a su existencia, encontramos el camino y comprendemos que no hay educación si no hay una pregunta y una respuesta a la persona concreta y singular. La cuestión será saber si quienes tienen la máxima responsabilidad del Sistema Educativo, se cuestionan, se asombran y reflexionan desde y en la realidad.

En oportunidades, nos preguntamos, en torno de la mirada, su sentido, la profundidad de la misma, el rostro y su valor en la acción de gestión educativa. Hay rostros y miradas que nos interpelan, nos cuestionan, nos movilizan. En ocasiones hemos escrito e interrogado, acerca de si el pobre es también prioridad en educación, porque entendíamos que no mirábamos su rostro, no prestábamos atención a las huellas de su vida, no cuidábamos a nuestro alter. (País, H. H. 2003) Hoy cuando los hechos acontecen, cuando la Escuela Pública del Estado, se ve caer, comprendemos que precisamente el pobre, no es prioridad.

 

Convengamos que educar, supone algo más que la simple implementación de estrategias o dirección de procesos de aprendizaje, implica por sobre todo “acoger al otro, lo que supera la capacidad de mi yo y me obliga a salir de él, de un mundo centrado en mí mismo, para recibirlo” (Bárcena y Mélich, 2000). Ello supone la aceptación de la persona del otro en su realidad concreta, en su tradición y cultura, es reconocerlo como alguien, desde su dignidad.

En educación no se acoge a un ser abstracto, sin pasado, ni presente, sino a alguien que vive aquí y ahora, y es acá, donde la responsabilidad social y ética de quien – permítaseme decirlo así -  gerencia el Sistema Educativo, se compromete en la tarea profunda con el ser del hombre, desde una pedagogía de la alteridad, que es fundante de la comunidad. Pero esto precisamente, no lo vemos, no ocurre, y los resultados están a la vista cotidianamente.

 

Precisamente, desde esa pedagogía de la alteridad, entendemos, que es como se puede responder mejor a las exigencias éticas, originarias de la educación, desde la visión de cuatro pilares, que entendemos fundamentales, en el liderazgo educativo:

*  Conocimiento de sí mismo

*  Ingenio

*  Amor

*  Heroísmo

De allí, que no podamos eludir  afirmar que no hay liderazgo ético posible (Chris Lowney- 2004), sin empezar por saber uno mismo, dirigirse, entender sus fortalezas, debilidades y valores, poseer la capacidad de innovar, confiar y adaptarse, con un amor al prójimo en actitud positiva y fortaleciendo la relación de apertura al mundo y al otro, con aspiración heroica.

De hecho negar la corrupción, que existe en el Sistema Educativo, en términos de acoso, abuso, bullying  y otras formas que demuestra la no existencia de una moralidad necesaria para la relación entre los humanos, ha puesto nuevamente sobre el tapete, la falta de una gestión de la educación que tenga valores de responsabilidad social, ha puesto en evidencia la carencia de esas cuatro notas que hemos recuperado en este escrito: * Conocimiento de sí mismo, * Ingenio, * Amor, *Heroísmo y concomitantemente la herida del sistema, sangra en la existencia misma de los educandos y educadores.

 

Falta de formación ética ( o de encarnar la información recibida) y de responsabilidad moral y social, es una de las graves causas del abandono del Sistema Educativo, porque no nos equivocamos en decir, que hacen falta líderes éticos - por esas ausencia -, hay  una burocracia ineficiente, inoportuna, lenta, extemporánea y consecuentemente los graves problemas que vemos que acontecen en los establecimiento, los abandonos de los niños y adolescentes frente a sus problemáticas de las adicciones, el sexo, y la violencia, el ejercicio del acoso de diversas formas por parte de directivos y funcionarios, y la inmoral exigencia de reglas y normas que quizás jamás las cumplieron, se constituyen en moneda corriente.

 

Soy de los que aún creo, en el compromiso y la palabra como valor, pero no descuido  visualizar que el valor de la persona es lo central,  que la mirada antropológica  nos ofrece un sentido crítico y profundo a la reflexión de la gestión institucional,  lo que conduce al encuentro (Laín Entralgo, P 1968) desde el respeto, la amistad social y el respeto al prójimo, en una sociedad que nos has llevado a vivir en la proximidad, pero no en la profundidad ética de la alteridad, donde el involucrarse se supone como compromiso, sin que ello sea entrega verdadera, que es lo que realmente debemos cultivar en  y desde la educación, con  disponibilidad,  espíritu de acogida  como donación.

 Revertir la crisis, es asumir la demanda ética y posicionar valores dentro del Sistema Educativo, para ello quienes conducen y educan los deben poseer, no solo decir “haz lo que yo digo, más no lo que yo hago” porque seguro que seguiríamos profundizando la crisis. Hace falta ejemplaridad y liderazgo fundado en la ética.

 

*El autor, Hugo Héctor País, es Profesor Emérito UCSF – Investigador en Educación - Presidente de ADUCSF – Consultor externo de INOEDUCA Málaga.

 


 

Fuente: Noticiauno

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