Jueves, 27 de Abril de 2017 | 10:00:07
22/11/16

Siento angustia ante el final de este año escolar

 

Angustia, por un balance que me informa de una realidad educativa difícil y donde los conflictos laborales, ocuparon muchos espacios en medios de comunicación.

Angustia, por la falta de capacidad de encuentro y de diálogo sincero, de autoridades y gremios.

Angustia, por la carencia de una autoridad moral, necesaria y eficiente, para revertir la situación de crisis.

Angustia, por los niños y jóvenes desprotegidos del  Estado, que cada día saben menos, y serán menos ciudadanos.

Angustia y desesperanza, por las carencias de quienes menos pueden y tienen, y no me avergüenza decir, los sectores vulnerables, que transitan nuevamente caminos de pobreza y miseria.

Angustia por el nivel de desempleo y los datos de una Provincia que está en rojo en sus cuentas y un pedido de austeridad, que no siempre se hace desde la ejemplaridad.

Angustia, por cerrar anticipadamente un año, donde los días que efectivamente se dictaron fueron menos que los días de clases.

Pero guardo, serenamente la esperanza, será de inocencia que uno cobija en su corazón, pero siento que debo guardar la esperanza, de:

*Construir la paz, en el diálogo y en asumir entre todos la responsabilidad de la Educación

*En apostar a reducir de cargos políticos el Sistema Educativo y poner más presupuesto en las Escuelas, en esas que se queman, que se caen, que no tienen servicios suficientes

*Confiar, que no se siga contaminando los campos cercanos y los pozos de agua de las Escuelas, con los agroquímicos

*Creer, que un día, entenderemos, que debemos pensar en una ecología humana, que se centre en el valor de la persona, en el cuidado de ella, y no en la desprotección

*Ver  la seguridad para todas las mujeres, violadas y agredidas, que se les cuide, como cuna de la existencia humana, y como continuidad de la vida, y que nunca más tengamos que salir a decir en las calles “ni una menos” porque educamos en y desde el corazón

Como pedagogo, no puedo callar, de advertir a mis alumnos y a quienes quieren leerme, que  este nuevo milenio, que vamos transitando hacia el año 17 del mismo,  sigue cargado de cuestiones desafiantes y deshumanizantes, que en nuestra América avizora el retorno de cuestiones que se expresaron hace años, que tienen que ver con el Liberalismo descarnado y la globalización enferma, con una postmodernidad que desregula y desprotege, precisamente a quienes debería cuidar.

Hoy he visto niños, salir de un jardín de una Escuela de mi barrio, su tos, y su estado físico, me hablan de la despreocupación por la nutrición y la salud, pero ellos, corrían y jugaban por la vereda, ausentes de estas miradas y su madre, una adolescente, desnutrida también, decía que daré de comer mañana a estos tres, que no hay clases, y la Escuela no abre.

Lo sé, la Escuela, no es el Comedor, pero como lo dice el Dr. Abel Albino si no nutrimos adecuadamente a los niños desde su primera infancia, estamos cometiendo el mayor genocidio contra la humanidad.

¿Puedo o no tener angustias?, me siento confiado en que compartirá el lector este sentimiento de congoja, incertidumbre y pre – ocupación, por el final de un año, en paz, por ello propongo, que nos unamos, en la búsqueda de una salida auténticamente ética, donde la verdad, sea la única moneda de cambio, la caridad sea la estampilla que lleve el sobre de la vida humana, para que cada quien, sea cada día más persona, y más cuidado, por un Estado que cada día muestra más las verdaderas grietas.

 

*El autor, Hugo Héctor País, es Profesor Emérito UCSF – Investigador en Educación - Presidente de ADUCSF – Consultor externo de INOEDUCA Málaga.

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