Sábado, 25 de Marzo de 2017 | 04:49:59

¿Se nos cae la estantería de la educación?

 

Hace tiempo hablamos de crisis del Sistema Educativo, atribuimos a diversos factores el estado de postración del mismo. Hoy se anuncia que se evaluará el estado de la educación desde el Ministerio de Educación y Deportes de la Nación, a conciencia cierta, de cuáles serán los resultados, simplemente, parecería saberse que lo que se hará, es confirmar, ratificar, y poner en la conciencia social, que la educación como está NO SIRVE más.

En medios nacionales se dan a conocer datos de estudios de una Universidad, que a su tiempo recoge opiniones de la Secretaría Académica de la UBA, donde se plantean cuestiones claras:

La educación como está no sirve más.
La educación que se brinda, no permite la inserción al mundo del trabajo, no prepara para insertarse realmente.
La educación, no es de calidad y menos es de inclusión como se predica en todos los ámbitos.

Lo que debemos manifestar es que en las últimas décadas se ha logrado un aumento gradual en la tasa de escolaridad en América Latina y en Argentina en particular, pero es también real, que el acceso a la educación sigue siendo desigual en detrimento de los grupos más desfavorecidos y depende de las zonas geográficas, barrios o zonas vulnerables o sectores más beneficiados. La inclusión tampoco se ha logrado porque no hay acceso universal a la misma de calidad en educación para todos.

Nuestro Sistema Educativo, nuestras Escuelas, reclaman transformación pero son renuentes al cambio.

Datos en medios nacionales, dejan ver la realidad en términos de porcentajes alarmantes, el 50 % de los estudiantes que ingresan a la Universidad abandonan en Primer año, el 66 % de los argentinos dicen que el nivel medio no sirve, más del 50 % de los jóvenes no terminan el secundario y al 74 % de los jóvenes no le interesa la Escuela.

Las propuestas de cambio han sido casi siempre de mejora, no de innovación profunda, y han ofrecido hasta ahora ‘más de lo mismo’. Las estrategias que se han implementado, son insuficientes, y constituyen verdaderos gastos sin sentido, y no una inversión que transforme de fondo, lo que está endeble en el sistema, por lo cual hablamos que se nos está cayendo la estantería en el sistema, y creemos en la imagen clara que esto no es sostenible en el corto plazo.

Lo que se hace, desde los órganos que administran la educación en nuestro país y en las provincias,  no cuestiona los supuestos arraigados que estructuran el modelo educativo tradicional. Hacen falta y son necesarios cambios radicales y no es suficiente reformar con cambios de nombres, el antiguo sistema, el cual está inserto con su crisis,  con las que se están produciendo como crisis y cambios profundos, o mutaciones en otros ámbitos como: la política, demografía, economía y ecología que afectan también a la educación.

Cambiar hoy en educación, es necesario, pero digamos que ello es complejo y profundo, por lo que no es posible planearlo, pero sí reconocerlo y alentarlo por medio de la identificación de embriones del nuevo dispositivo organizativo que está generando la sociedad actual (sociedad del conocimiento)

Se necesita un cambio de paradigma, que conlleva la reingeniería de la escuela y del sistema educativo para ofrecer educación de mejor calidad para todos, con costos al alcance de los recursos económicos con que cuenta cada país. Hace falta poner el acento en la formación de los docentes, los países con mejores resultados revelan la importancia de la calidad docente. La profesionalización docente generalizada supone una base cultural homogénea inexistente

Es preciso reorganizar un sistema originalmente pensado para culturas homogéneas y para otros tiempos, hay un cambio época, que nos apela y nos exige modificaciones profundas. Esto supone la reforma del modelo organizativo del sistema escolar y, de manera concomitante, la reforma del Estado bajo premisas que todavía son extrañas a nuestra tradición, como la descentralización, con participación en la gestión escolar de los diversos sectores sociales.

Hace falta repensar el sector de la administración de la educación, ya no sirven viejas estructuras formales de ciertos ministerios y/u organismos, que no piensan en y desde la realidad que se vive al interior de la Escuela, en cada contexto, es preciso diseñar un modelo organizativo más adecuado para la gestión masiva y descentralizada de la educación, desburocratizar la organización, reducir los cargos de funcionarios a nivel central y fortalecer la estructura y el presupuesto educativo en las bases del Sistema.

Debemos pensar y organizar, un aprendizaje dirigido a promover competencias flexibles  que faciliten el aprendizaje,  modificar el concepto de la enseñanza. Pasar de una visión tradicional que la considera como transmisión a través del ‘método’, a un modelo alternativo que la concibe como una mezcla de experiencias para el aprendizaje, una suerte de ‘didáctica para la comprensión’. Las formas de enseñar cambiaron a lo largo del siglo XX: disminuyó la importancia del conocimiento de datos para dar más relevancia a la capacidad de aprender y a los procesos de aprendizaje en sí mismos.

Debemos reconocer que los docentes en las escuelas enseñan hoy a una generación de estudiantes ‘nativos digitales’, que se considera distinta de las generaciones anteriores. Esto nos hace pensar que los niños y los jóvenes de hoy en día son considerablemente distintos a los de las generaciones anteriores en cuanto a la manera en que aprenden, viven y trabajan gracias al acceso generalizado a las tecnologías digitales y a la conexión en redes.

Hay que cuestionarse, entonces, cómo puede la nueva sociedad resolver la necesidad de distribución equitativa del conocimiento, qué características debe tener dicho conocimiento para que sea ‘socialmente válido’ y qué dispositivos organizacionales se deben desarrollar para hacer posible el ‘aprendizaje de todos a lo largo de toda la vida’. Hay que reinventar la escuela. El foco siempre está en la interacción entre alguien (o algo) que enseña y alguien que aprende, pero esta reinvención debería apoyarse en una nueva organización de la enseñanza / aprendizaje, que no deje de lado algunos verbos que son sustanciales: acogida, encuentro, diálogo.

Los sistemas escolares, como los conocemos hoy en día, nacieron en un momento de la historia en que era necesario masificar la distribución del conocimiento. Su cometido se cumplió eficazmente al facilitar los esquemas que llevaron la educación básica a todos y se logró ofrecer las bases para la adquisición de conocimientos mínimos. Sin embargo, frente a los retos del siglo XXI y el surgimiento de la sociedad del conocimiento, este modelo educativo parece estar agotado, la estantería se nos está cayendo, y el modelo ya no sirve.

 

El autor, Hugo Héctor País, es Profesor Emérito UCSF – Investigador en Educación - Presidente de ADUCSF – Consultor externo de INOEDUCA Málaga.

 

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