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20/07/2021

Agrotóxicos: informe revela graves enfermedades en menores y que llueve glifosato en Entre Ríos

Un estudio publicado por la Sociedad Argentina de Pediatría reveló el impacto de los agrovenenos en la salud de niños y jóvenes. Científicos del CONICET demostraron que el agua de lluvia en las provincias de Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires contiene glifosato (GLP) y atrazina (ATZ). INFORME COMPLETO.

 

 

Como contó NOTICIAUNO en el año 2018, en Entre Ríos llueve veneno. Un estudio del CONICET publicado en el exterior halló glifosato y atrazina en el 80 por ciento de las muestras tomadas en la ciudad de Urdinarrain, Entre Ríos, también en Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. La carga máxima de plaguicidas en las gotas fue hasta 20 veces superior a las registradas en EE.UU., el territorio con mayor historia en lo que hace al uso de plaguicidas y el principal promotor mundial del uso de estas sustancias y su aplicación a través de las ultra cuestionadas fumigaciones.

Ahora, las palabras del crudo informe de la Sociedad Argentina de Pediatría que recorren el texto incluyen: cáncer, disrupción endócrina, enfermedades neurodegenerativas, trastorno del neurodesarrollo infantil, malformaciones congénitas, tumores cerebrales, disfunciones del sistema nervioso central, autismo, trastornos de conducta, leucemia, hipotiroidismo, asma bronquial, trastornos reproductivos. Es apenas parte de una lista impactante que representa un diagnóstico del presente.

 

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La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) acaba de publicar un trabajo donde varios médicos y profesionales -respaldados en estudios científicos serios y rigurosos- plantean con una crudeza pocas veces vista los efectos que estas sustancias provocan en la población infanto juvenil argentina y la necesidad de usar una Historia Clínica Ambiental (HCA) para indagar las condiciones de vida de menores de edad que llegan a hospitales y centros asistenciales con diversas patologías y poder sistematizar la relación entre las enfermedades que padecen y el uso de agrotóxicos.

En el documento "Efecto de los Agrotóxicos en la Salud Infantil", la SAP realizó un recorrido que va desde la historia de la exposición a pesticidas en Argentina de la población pediátrica hasta el efecto de los agrotóxicos en el desarrollo embrionario y en el sistema nervioso infantil, pasando por una exhaustiva descripción de la forma en la que se expresa la toxicidad de los agrovenenos en el corto y largo plazo.

Según la pediatra María Gracia Caletti, que integra el Comité de Salud y Ambiente de la SAP, "el objetivo de este documento es brindar a todos los pediatras del país información actualizada sobre los efectos de estas sustancias en la salud infantil. Se trata de una herramienta para hacer prevención, educación comunitaria, diagnóstico y consultas oportunas en centros especializados".

En este contexto, Caletti destacó que recientemente el Comité de Salud y Ambiente de la SAP elaboró una Historia Clínica Ambiental "que va a permitir registrar debidamente toda la información pertinente en cada niño y establecer el riesgo ambiental".

 

Glifosato en el agua de lluvia

Por su parte, el médico pediatra Medardo Ávila Vázquez, Coordinador de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados, recordó que "desde el año 1996 la cantidad de pesticidas que se aplican en el país aumenta permanentemente por la extensión de cultivos de semillas genéticamente modificadas. Actualmente esos cultivos cubren 30 millones de hectáreas de un territorio donde viven (en pequeñas ciudades y pueblos) más de 12 millones de personas y tres millones de niños. Esta es la población expuesta a pesticidas por vivir en regiones donde estos se utilizan intensamente", describió.

Entre los numerosos estudios que dan cuenta de esta contaminación se destaca una investigación realizada por científicos del CONICET de La Plata, publicada en la revista Science of the Total Environment que demostró que el agua de lluvia en las provincias de Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires contiene glifosato (GLP) y atrazina (ATZ).

 

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En relación a los estudios realizados sobre el impacto de los agrotóxicos sobre la salud, el documento mencionó la investigación de 2014 en Monte Maíz, una localidad agrícola ubicada a 300 kilómetros de la ciudad de Córdoba. "Lo que encontramos fue que en Monte Maíz las niñas, niños y adolescentes (entre 6 y 14 años) tenían una prevalencia tres veces mayor de asma que la media; en tanto que en los niños de 13 y 14 años más de la mitad necesitaba utilizar broncodilatadores inhalados", según Ávila Vázquez.

El profesional explicó que "también había una mayor prevalencia de niños con malformaciones congénitas nacidos en los últimos 10 años y de fallecidos por esta causa durante esa década: 2,93 y 4,33 por ciento respectivamente; mientras que en Registro Nacional de Anomalías Congénitas de Argentina (RENAC) en 2014, la prevalencia malformaciones había sido de 1,4 por ciento".  En relación al cáncer, según el Registro Provincial de Tumores de Córdoba el grupo de todos los enfermos de la provincia de menos de 44 años conformaban el 11,6 por ciento de los casos, pero en Monte Maíz los menores de 44 años eran casi el doble: un 21,9 por ciento.

Ya en 2009, el investigador de CONICET y médico especializado en biología molecular, el ya fallecido Andrés Carrasco, había demostrado en un laboratorio que "concentraciones ínfimas de glifosato, respecto de las usadas en agricultura, son capaces de producir efectos negativos en la morfología del embrión" en un estudio realizado con anfibios.

 

Informe de la SAP

El informe de 171 páginas de la Sociedad Argentina de Pediatría, fue elaborado por su Comité de Salud Ambiental, a través de un equipo que reunió a doce profesionales (científicos, investigadores, pediatras, toxicólogos, sociólogos, ingenieros agrónomos). Despliega pruebas, explicaciones e hipótesis sobre lo que en algún momento se califica como “desastre ambiental” y el modo en el que los “agros tóxicos” (así los nombran en varios pasajes) impactan en la infancia, definida como población de mayor vulnerabilidad frente a la exposición a los pesticidas de diverso tipo.

Ejemplo: en Argentina se utilizan 107 plaguicidas prohibidos en otros países, además de haber incrementado exponencialmente su utilización que pasó de 3 a 12 litros por hectárea, y de 100 a 520 millones de litros en todo el país en las últimas dos décadas. El promedio indica que cada habitante está expuesto a más de 11 litros de agrotóxicos por año, pero en zonas fumigadas esa cifra puede superar los 100 litros de exposición y contacto anual. El ejemplo en Monte Maíz, Córdoba, revela 121 litros por persona de agrotóxicos, 80 de los cuales son de glifosato. Otro aspecto novedoso del informe es la descripción detallada de los diferentes y más utilizados plaguicidas (glifosato, glufosinato, 2,4D, atrazina, clopirifos, entre otros) lo cual permite comprender la lógica del daño que causan, que no depende del modo de aplicación ya que su propia química los hace pasibles de derivas que impregnan suelos, aguas, el aire y hasta la lluvia, tal como lo refleja el informe.

Todo el trabajo está basado en una vastísima bibliografía e investigaciones argentinas e internacionales. Como “Objetivo General” se propone “concientizar a los trabajadores de la salud infantil y proveer información a la comunidad médica y a la sociedad en general sobre la problemática de los agros tóxicos y el efecto de los plaguicidas en la salud infantil”.

A la vez, busca soluciones: “Promover medidas de resguardo a la exposición a agros tóxicos que garanticen el derecho a la salud y a un ambiente sano a todos los niños que residen en el territorio nacional”. Promueve la confección de Registros médicos ambientales, facilitando una Hoja Verde de diagnóstico ambiental para que pueda agregarse a la historia clínica de cada paciente. El fundamento: “Según la Organización Mundial de la salud (OMS), más del 40% de la carga mundial de morbilidad infantil se atribuye a factores de riesgo ambiental y afectan a niños menores de cinco años que representan alrededor del 10% de la población mundial. Cada año más de 3.000.000 de niños menores de 5 años mueren en el mundo – especialmente en zonas subdesarrolladas- por causas y afecciones relacionadas con el ambiente”.

A falta de datos nacionales y provinciales (cuya ausencia muestra una falencia de fondo frente a un problema de esta magnitud) aparecen datos locales, como los aportados por la investigación en Monte Maíz, Córdoba, coordinada por el pediatra Medardo Ávila Vázquez. «Los resultados preliminares fueron alarmantes: la población de Monte Maíz tiene cinco veces más casos de cáncer que los estimados en la OMS, un 25 por ciento más de problemas respiratorios tipo asma y casi cinco veces más de abortos espontáneos». Aquella investigación realizada en 2014 reveló, además, que «la población también registra el doble de casos de diabetes tipo II y de hipotiroidismo que las estadísticas medias y casi tres veces más frecuencia de colagenopatías (enfermedades inflamatorias del tipo autoinmunes)».

El trabajo brinda una valiosa  guía de los Laboratorios de Toxicología en todo el país, para que pediatras y personal relacionado con la salud sepan a qué lugares acudir.

 

¿Quiénes son los más vulnerables?

Algunos párrafos permiten comprender la dimensión del problema.

«En nuestro país hay escasa información epidemiológica local sobre la salud de pueblos sometidos a fumigación sistemática producida por instituciones sanitarias». (El documento plantea por eso la necesidad de realizar y profundizar investigaciones que permitan reunir datos para visibilizar una situación que corporaciones, medios y Estado han preferido ignorar).

“Los niños presentan una vulnerabilidad particular a las exposiciones ambientales a plaguicida, en relación a su mayor superficie corporal, mayor exposición y tasa de absorción por todas las vías, la presencia de succión no nutritiva y por vía de lactancia materna. Lo cual, sumado a lo restringido de su dieta, hace que en los primeros cinco años, acumulará el 50% de la exposición a plaguicidas, que recibirá en toda su vida”.

Diferentes estudios, en niños, han demostrado que la exposición prenatal a pesticidas a bajas dosis, ha sido asociada con efectos sobre el neurodesarrollo. Trastornos como déficits de atención, hiperactividad, trastornos de aprendizaje, autismo y trastornos de conducta, han sido asociados a exposición a plaguicidas. Estas consecuencias inciden directamente, en la calidad de vida de los pacientes, así como en los costos de salud”.

“Existe evidencia, proveniente de estudios epidemiológicos, que sugiere que la exposición a plaguicidas está relacionada con la presencia de enfermedades neurodegenerativas tales como la Enfermedad de Alzheimer y la Enfermedad de Parkinson”.

“Así, si las neuronas del cerebro de un infante son destruidas por pesticidas, si el desarrollo reproductivo es desviado por disruptores endocrinos, o si el desarrollo del sistema inmune es alterado, la disfunción resultante puede ser permanente e irreversible”.

“La relación entre la exposición a pesticidas y tumores cerebrales es biológicamente plausible ya que muchos pesticidas tienen acción específicamente neurotóxica”.12

 

¿Distancia física o distancia social?

La coordinación del informe estuvo a cargo de María Gracia Caletti, pediatra nefróloga, vocal de la SAP y asesora del Hospital Garrahan. Señala que el trabajo se realizó en plena pandemia, respetando el distanciamiento físico: “Decimos que cumplimos con el “distanciamiento físico” pero no, como se dice “el distanciamiento social”, porque la comunicación y el sentido de equipo se mantuvo muy presente entre nosotros en todo momento. Sin este acercamiento social no hubiéramos podido terminar este documento”, escribe la doctora Calletti.

Completaron el equipo que preparó el trabajo la Dra. Florencia Arancibia (Socióloga, Investigadora del Conicet en la Universidad de San Martin), el Dr. Medardo Ávila Vázquez (médico pediatra y neonatólogo, docente Facultad de Ciencias Médicas de UNC. coordinador de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados), Dr. Ignacio Bocles (médico, docente de la Cátedra de Embriología de la Facultad de Medicina de la UBA), Dr. Pablo Cafiero (pediatra del Desarrollo, jefe de Clínica del Servicio de Clínicas Interdisciplinarias, Hospital Garrahan), Ing. Javier Souza Casadinho (ingeniero agrónomo, magister en Metodología de la Investigación, experto en plaguicidas y agroecología, UBA), Dr. Martin Dahuc (médico, miembro del Instituto de Salud Socio ambiental de la Universidad de Rosario), Dra. Marisa Gaioli (pediatra, especialista en Salud Ambiental, Hospital Garrahan. Secretaria del Comité de Salud Ambiental de la Sociedad Argentina de Pediatría), Dra. Marta Maria Méndez (médica Toxicóloga, Servicio de Toxicología del Hospital Posadas), Dr. Damián Markov (pediatra, miembro del Comité de Salud Ambiental de la SAP), Dr. Alejandro Vallini (pediatra, miembro del Instituto de Salud Socioambiental de la Universidad de Rosario), Dr. Damián Verzenassi (médico especialista en Medicina Legal. Director del Instituto de Salud Socio Ambiental de la Universidad de Rosario. Director de la Carrera de Medicina de Universidad Nacional del Chaco Austral).

Un tramo del trabajo presentado por la SAP describe: “En ámbitos médicos prima el desconocimiento o la indiferencia frente a esta problemática. Involucrarse es el primer paso para frenar este desastre sanitario y ambiental, del cual los niños son una de las principales víctimas”.

El trabajo, que abre una instancia de debate fundamental para los temas socioambientales de la época, plantea además 12 propuestas bajo el siguiente título: “Recomendaciones para que los profesionales de la salud estén más informados y preparados para diagnosticar, tratar, asesorar y fundamentalmente prevenir la exposición de la población infantil a estos variados agentes tóxicos”.

 

INFORME COMPLETO

 

 

*Con información de Revista La Vaca

 

Fuente: NOTICIAUNO

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